El perfil del educador
 

 
El libro de la maestra
Nuestra realidad educativa
El juego
El lenguaje como eje del desarrollo
La actividad como principio metodológico
Desarrollo afectivo como ámbito educativo
Una perspectiva globalizadora
El perfil del educador
El estilo del docente son las características personales, las ideas que sobre la Educación tiene el maestro, su formación, experiencia, sensibilidad, creatividad, su forma de actuar y relacionarse, que influyen en la Educación.

No existe una forma concreta de estilo correcto, o más bien, este no es solo uno, ya que los modos de actuar y de sentir deberán estar integrados en cada docente. No ya como profesionales, sino como personas, debemos aceptar la gran diversidad existente. Sin embargo existen unos límites que deben controlarse y planificarse pues hay posturas que no pueden tolerarse en un aula, como la agresividad, la pasividad o la frialdad, además que bajo ningún concepto podremos llevar nuestros problemas personales al aula.

¿Qué características debe tener el educador?

• El maestro debe ser un ejemplo a seguir, que proporciones un clima de seguridad afectiva al niño, para que este se sienta libre para investigar, explorar, manipular, interesarse por las actividades, en el aula, por ello el educador debe ser equilibrado, sin altibajos emocionales, ofreciendo una estabilidad psicológica a sus alumnos.
• El maestro debe ser una persona sensible, con empatía para ponerse en el lugar de sus alumnos e interpretar lo que les pasa, conociendo así sus necesidades. El educador tiene que saber cómo transmitir confianza, para que los niños sepan que pueden contar con este en todo momento, pero siempre enseñándoles hasta qué punto pueden disponer del maestro, porque lo que se busca es el equilibrio y fomentar la autonomía en los niños para que en la medida de los posible puedan resolver los problemas entre ellos, entre el grupo de iguales.
• Como maestros no debemos tener más simpatía por unos que por otros, todos los niños son especiales, y a todos debemos darles el mismo cariño, aunque con algunos dediquemos más tiempo, por sus circunstancias personales. Hay que atender a los niños en función de sus necesidades personales, no según las nuestras.
• Los maestros tienen que promover la autoestima en sus alumnos, evitar las odiosas comparaciones, que sólo provocan malestar en los educandos y ver las cositas especiales de cada uno. Hacer valoraciones que no sean destructivas para los niños, sino todo lo contrario.
• Dentro del aula los maestros deberán ejercer su autoridad dentro de un marco de estabilidad y coherencia, sin demasiadas y rígidas normas que limiten la autonomía de los niños, y con esto no decimos que se les deje hacer lo que quieran al libre albedrío, ya que esto les privaría de la seguridad que tanto buscamos, y los desorientaría. Es mejor que en aula pongamos pocas normas y claras, siendo coherentes a la hora de imponerlas, que muchas que tan sólo provocarían el efecto contrario en los alumnos.
• El maestro debe ser ecuánime, justo y ofrecer a cada niño lo que necesite según lo que demanden, no se puede tratar a todos los niños igual y de la misma forma, cada niño es un mundo y tenemos que preocuparnos por conocerlos.
• Como maestros hay que pasar de prejuicios y de poner etiquetas a los niños, ya sea por su origen social, nivel económico… y siempre debemos dar oportunidades y confiar en el cambio de nuestros niños.
• Hay que individualizar la enseñanza sin descuidar al resto de la clase, lo que se conoce como “mirada periférica” para lo cual, es necesario una organización que permita el equilibrio entre el trabajo individual y grupal.
• La maestra no tiene que ser la protagonista en el aula, sino los niños, ellos son los que tienen que hablar, si se les deja expresarse tardarán menos en construir su pensamiento, y a través de estas intervenciones con los maestros o con el grupo de iguales, adquirirá más protagonismo y le ayudará a expresarse y a escuchar a sus compañeros.
• Si queremos conseguir la atención en el aula, una buena forma sería con los cambios de la intensidad y tono de la voz. La maestra tiene que hablar en el aula en contextos ricos y significativos y de temas que estimulen y les sean interesantes a los niños. Los temas de que se hablen deberían ser propuestos por los niños y dirigidos por los docentes.
• En cuanto al lenguaje, la forma de tratar y de actuar en los errores del alumno, no es con la corrección directa por parte del adulto ya que se ha demostrado que sirve de poco. La mejor intervención consiste en repetir el mensaje infantil correctamente y además ampliarlo con una explicación “ Sí, has encontrado tu osito Azul (el alumno diría aful)” y evitaríamos decirle no se dice aful sino azul.
Los límites: cuando hay que sancionar

Un niño sin normas tratará por todos los medios de saber hasta dónde puede llegar, lo que le llevará a un comportamiento cada vez más extremo. El niño debería tener una libertad para que pudiera escoger pero dentro de unos límites. Así lo veíamos en el artículo de Piaget quien diferenciaba entre sanciones expiatorias y de reciprocidad.
• Las sanciones expiatorias, con coacción y sin relación entre la sanción y el acto sancionado. El niño solo siente la necesidad de evitar el castigo.
• Las sanciones de reciprocidad, con una coacción mínima y relación lógica entre el acto y la sanción. No exigen conductas arbitrarias a los ojos del niño, sino que está dentro de su comprensión. Hay diferentes clases:
o Excluir al niño del grupo social
o Dejar que la fechoría engendre sus consecuencias lógicas
o Quitar al niño algo que ha estropeado
o Hacer al niño lo que él ha hecho –sirve para que entienda lo que hace, pero es absurda si solo es para devolver mal por mal-
o Estimular al niño a la reparación
o Censurar al niño sin castigo posterior –en vínculos estrechos, la censura es suficiente-
La diferencia entre una sanción por reciprocidad y un castigo, es que la sanción es consecuencia directa, tiene relación y se desprende de la falta cometida por el niño, mientras que el castigo no guarda relación, es una suerte de venganza del adulto para que el niño sufra las consecuencias de su mal acto. Se trata de que los niños cuando hagan algo mal, reflexionen sobre su mal acto, se arrepientan y en la medida de lo posible no lo vuelvan a hacer más. Si nos dedicamos a castigar sin que reflexionen y sin dialogar con ellos, no entenderán y tan sólo verán injustos nuestros castigos sin plantearse nada más. Además debemos hablar con los niños en el momento de la acción, para que sean conscientes y no se olviden de lo que han hecho.

Los niños tienen que aceptar las normas del aula, y debemos trabajar en este aspecto conjuntamente casa-escuela. Ellos son muy listos y saben que según en qué contexto se encuentren podrán ellos comportarse de una u otra manera. Como en mi caso personal, que mi hijo en la escuela asume normas que es casa es incapaz.

o ¿Cómo y cuándo ejercer la autoridad?

Depende de la situación, pero hay que tener en cuenta:
• No subestimar la importancia de una relación de respeto mutuo
• Siempre que sea posible evitar sancionar la conducta: las sanciones se pueden evitar dándole la posibilidad de cambiar voluntariamente la conducta.
• En las sanciones negativas, utilizar sanciones de reciprocidad
Si el niño solo actúa por evitar el castigo, no hay aprendizaje. Para que el castigo sea efectivo, entendiendo por efectividad no el que deje de hacer la fechoría sino el que le haga interiorizar las normas, debe tener una serie de características:

El castigo:
• No debe ser violento, ni fisica ni verbalmente
• No debe ser humillante
• Debe ser proporcionado, a la edad y al incidente
• Debe estar relacionado con lo que se ha hecho mal.
• Debe establecerse próximo en el tiempo y en el contexto

La autoridad se transmite con la coherencia no con una actitud dura e inflexible. Cuando en un aula la mayoría de intervenciones adultas son de control, paradójicamente el adulto ha perdido el control y tiene que imponerlo.

Distintos perfiles

Aunque a continuación se van a comentar sólo dos estilos de docente, inclusivo y directivo, que haya recibido, dentro de las dos categorías hay gradaciones, es decir, no todos los profesores se perfilan en uno u otro modelo, sino que hay modelos intermedios que toman de uno y otro perfil sus características, por lo que es conveniente tomarlos sólo como referencia. Sin embargo, las características que se defienden en el perfil inclusivo son las más deseables e idóneas. Este estilo debería ser el ideal al que aspirar y que se pudiera desarrollar tanto en Educación Infantil como en cualquier etapa educativa.

Directivo
• El adulto es el que dice lo que hay que hacer, explica, ayuda… El adulto es el protagonista y no los alumnos.
• Se dirige al gran grupo.
• Es el que predomina en nuestro país
• Se ven más la limitaciones del niño que sus posibilidades
• Hay un modelo de niño estándar de referencia.
• No se atiende a la diversidad
Inclusivo
• Parte de la diversidad
• Respeta y valora las características propias de cada niño.
• Es por encima de todo una actitud, que no busca al alumno ideal sino que respeta y valora las diferencias.
• Este respeto debe nacer sinceramente en el profesor, de su conocimiento de las características de cada niño/a, por lo que el contacto con la familia es fundamental.
• Los niños son los protagonistas
• En cuanto a la evolución se analizará la evolución, el progreso de cada uno de los niños.
A lo largo de nuestra carrera docente iremos perfilando nuestro propio estilo que deberá estar basado en la coherencia, capacidad de autocrítica, reconocer nuestros errores, reflexionando en todo momento, formándonos continuamente y teniendo en cuenta nuestra experiencia.


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